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Frutos de la Misión

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No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos. (Gálatas 6:9)

Nurjan es su nombre. Significa “luz angelical”. Ella nació con una anomalía en las piernas llamada genu valgo, caracterizada por la aproximación de las rodillas, debilidad muscular y serias dificultades para caminar. A pesar de que había posibilidades de corregir el problema durante la infancia, la poca información en el área de salud en el país y la condición económica de su familia impidieron que Nurjan pudiera realizarse el tratamiento. Sin embargo, ella nunca dejó de ser activa y optimista.

Yo la conocí dos días después de llegar a Kirguistán. Ella se había hecho amiga de todos los grupos de voluntarios que llegaban cada año, y yo era parte del tercer o cuarto grupo. Ella tenía grandes expectativas con respecto a mí, y me espe¬raba ansiosamente para continuar con las clases de inglés.

En 2018, se inició en la comunidad el club de español. Nurjan, quería ampliar sus conocimientos en idiomas, e ingresó al club. Allí, la amistad entre nosotras y las otras voluntarias del grupo creció. Comenzamos a reunirnos con frecuencia fuera de las clases, y ella empezó a hacer ejercicio con nosotras para fortalecer sus piernas. Entre risas y actividades, le contábamos sobre nuestro Dios y sobre como Él se preocupa por nosotros de la misma manera que por las demás personas (en la cultura musulmana, las mujeres son consideradas inferiores a los hombres).

Un día, después de una clase del club de español, invitamos a una alumna cristiana a estudiar la Biblia. Al escuchar nuestra conversación, Nurjan preguntó si ella podía unirse a nosotras. Miré a la otra voluntaria, y ambas sentíamos lo mismo: miedo e inseguridad.

Estábamos estudiando el libro de Juan, que habla de la vida de Cristo. Los musulmanes creen en Jesús (Isa al Masij)), pero solo como un profeta más de la Biblia, como Moisés y Elías, y consideran un pecado adorarlo como Hijo de Dios. Por lo tanto, comenzar por ese tema era muy arriesgado, pero confiábamos que Dios estaba guiando todo.

Y así fue. Nurjan comenzó a ir a la iglesia y a hacer muchas preguntas. Después, empezó los estudios bíblicos en su propia lengua. Ella sueña con contarle a su familia sobre todas las cosas bellas que está viviendo y aprendiendo, pero es un gran desafío. Mientras tanto, su esposo la acompaña a la iglesia los sábados.

Su conversión fue un proceso largo. Pasaron años, y muchos extranjeros y nativos fueron canales para que ella aprendiera sobre Dios y le entregara su vida. No siempre es el trabajo de una única persona el que trae almas a Cristo. A veces, se necesita un equipo dentro de la iglesia.

De esta forma, aun cuando salgamos de este país, Kirguistán, Nurjan seguirá teniendo una familia en Cristo que continuará acompañándola y apoyándola. A pesar de nuestras limitaciones e inseguridades, Dios nos usa para transmitir su men-saje. Él nos lleva a las personas que Lo buscan en sus corazones. Una de las grandes alegrías de la misión es ver que los amigos se entregan a Cristo como resultado de nuestro trabajo. Solo tenemos que poner nuestra vida en sus manos para ser ins-trumentos adecuados para la misión.

Micaela Dauria, 25 años, argentina, voluntaria entre 2016 y 2018 en Kazajistán y Kirguistán.

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